La historia de Guatemala se nos presenta como una suma de acontecimientos rígidos, donde el protagonista y vencedor de tristes batallas es un hombre blanco, de buena familia y costumbres, que dice hacer patria y desarrollo sobre la espalda de la gran mayoría de la población. Desde esa historia a fuego y sangre, los usurpadores de la vida sembraron símbolos que intentaron germinar en la construcción de una “guatemalidad”disfrazada de civilización, pero no es más que la latente dinámica de despojo y sometimiento, que se traduce en la extracción y explotación del territorio para la acumulación de unos pocos y la miseria de los muchos.
Primero fue la cruz y la espada, con la encomienda y Pueblos de Indios. Con la Reforma Liberal el café alimento al creciente capital, con un modelo agroexportador sustentado en mozos y esclavos. Así surge el ejército de Guatemala, para la gloria y consolidación del poder oligárquico, convirtiendo en una gran plantación, lo que decían era su nación. No surge para la defensa del territorio, surge para asegurar que el pueblo produzca, sin revelarse, la riqueza de los criollos del país y alimentar los capitales transnacionales.
El militarismo fue desde siempre el instrumento. El control y el terror la herramienta clave para conseguir que el miedo y el silencio llegue a instalarse como ideología entre los pueblos sometidos, para controlarse e imponerse unos sobre otros.
Naturalmente los pueblos de Guatemala no han permanecido impávidos ante el despojo y la dominación. Con una forma de vida ancestral opuesta al dominante, resisten a cada agresión, es entonces cuando el poder económico y militar busca su consolidación mermando las resistencias que atenten contra su proyecto, utilizando los mecanismos de aniquilación más atroces como el genocidio y la desaparición forzada.
Con la negociación de los acuerdos de paz, se quiso imponer un discurso en el que la democracia y la justicia pondrían énfasis en erradicar la impunidad estructural. Sin embargo, poco a poco se evidencia que el sistema judicial es utilizado como uno más de los mecanismos de persecución, criminalización y sometimiento de la población a los dictámenes del poder hegemónico. Ejemplos concretos de esta realidad son las condenas a lideres campesinos como Ramiro Choc y Lázaro Cruz Samayoa, los desalojos violentos ocurridos más recientemente en el área del Polochic, las ejecuciones extrajudiciales de Antonio Beb Ac, Oscar Reyes y Maria Chub Che y la impunidad en la que se mantienen los terratenientes responsables, como el ingenio Chabil Utz'aj y las transnacionales como Goldcorp Y Unión Fenosa.
Por otro lado, las recientes conquistas dentro del sistema judicial, como algunos casos sobre desaparición forzada y la reciente apertura del proceso de genocidio, con la captura de un General del Ejército Nacional, nos demuestran que es posible el juicio y castigo, gracias a la valentía y trabajo sostenido por más de dos décadas de los sobrevivientes.
Nos queda claro desde la memoria, que el pacto entre las élites se consolida en ésta etapa de supuesta democracia, pues han echado mano de las instituciones cada vez más débiles para fortalecer su poderío. El poder crea y manipula las leyes en un Estado hecho a su imagen y semejanza, para protegerse de ese clamor por el juicio y castigo que viene desde los pueblos, por el genocidio perpetrado a lo largo y ancho de nuestra historia, el que persiste y se mantiene impune. Y es en este sistema político-económico donde se ha vuelto normal para la “guatemalidad” aceptar día a día éstas y otras injusticias, en donde la impunidad usurpa el papel de la justicia.
Es por eso que decimos que nuestra memoria nos es un puro recuerdo estático. Nuestra memoria no obedece a intereses de grupos o élites. Nuestra memoria no se guarda en un cajón o se institucionaliza en un acto proselitista de dolor e inmovilidad. Nuestra memoria esta viva, es la que viene de la mujer que resistió a la espada y la cruz, del abuelo que se reveló contra el patrón en la finca de café alemana, la del estudiante que ante la miseria y dolor de su pueblo dejo el lápiz por el fusil. Nuestra memoria es la del poeta y el intelectual comprometido que desde sus trincheras denunciaron la injusticia y se comprometieron con un proyecto de transformación.
Nuestra memoria es semilla de rebeldía, es la voz, la palabra, la acción, la idea que se revela ante tanta opresión. Porque la rebeldía ha sido esa canción que germina en la memoria de los viejos, de los abuelos, las tías, las amigas y las hermanas que nos faltan, que nos duelen, pero que nos compromete a la construcción de un proyecto político donde la justicia sea mucho más que la legalidad, una legitimación de las luchas de los pueblos: el bien común, las transformaciones justas y necesarias.
Hoy nuestra voz rebelde se entrelaza a la de los pueblos de Guatemala, porque pueblo también somos. Así como lo hicieron nuestros padres y las madres de éstos y los abuelos de éstas, seguimos luchando, seguimos en resistencia ante este sistema que nos oprime, que nos quiere aniquilar.
La Ofensiva de la Memoria Genocidio los pueblos van a juzgArte, es un llamado a que nos organicemos, a que nos revelemos ante la historia de despojo y opresión, a que llevemos nuestra memoria a las calles y desde allí, desde el espacio público negado, demos la batalla por una historia desde los pueblos, contra ese poder económico y militar.
Para desde los pueblos juzgar el genocidio, llamamos a:
- Profundizar en la investigación y desarrollo del caso de genocidio, extendiendo las ordenes de captura a otros autores intelectuales del mismo. Brindamos todo nuestro apoyo político al Ministerio Público, los querellantes y el órgano juzgador.
- Rechazar el teatro montado por el ejército, institución que para limpiar su imagen ante la comunidad internacional donante, se burla del pueblo guatemalteco haciendo creer que hace del conocimiento público sus planes y documentos militares, basta hacer una revisión superficial para darse cuenta que los “documentos de la verdad” están muy lejos de los ojos del pueblo. Por eso Exigimos la apertura definitiva y sin restricciones de los archivos militares.
- Suspender definitivamente cualquier demostración de fuerza militar, asimismo la desmilitarización de nuestras calles y comunidades.
- Cerrar la escuela Kaibil, institución formadora de la mano califica del crimen organizado, el narcotráfico y garante del estatus quo del poder económico. Así como el alto al envío de efectivos a entrenarse a la Escuela de las Américas.
Nueva Guatemala de la resistencia
30 de junio 2011
en el 12 aniversario de HIJOS
No Olvidamos, No perdonamos, No nos Reconciliamos
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