jueves, 27 de octubre de 2011

Rumbo a la Cadena Perpetua


Así que finalmente lo atraparon. Siempre pensé que debió pasar antes, antes que mi abuela muriera para que ella pudiera tener un poco de paz al saber que el esbirro que estuvo detrás del secuestro, tortura y desaparición de su hija, fuera arrestado.

Que fastidioso verlo circular acostado en una camilla. El general se ríe bajo esa manta blanca que le cubre el rostro, mientras que han sido cientos y cientos de guatemaltecos y guatemaltecas quienes fueron encapuchados y amarrados solo para ser conducidos a una sala de tortura o la fosa común, lo cual el ordenó.

Bajo esa manta blanca el general Oscar Humberto Mejía Víctores se ríe en complicidad con su abogado, Telésforo Guerra, mientras nuestras madres y padres desaparecidos, bajo sus capuchas orinadas y ensangrentadas solo podían valerse al máximo de sus sentidos y sus ideas para enviarnos lo único que nunca les pudieron arrebatar, su dignidad y amor.

¿Exactamente que es lo que el general genocida esta pidiendo? Clemencia? Misericordia? Olvido? Perdón? Reconciliación? Debe estar bromeando, para alguien que esta siendo acusado y a la puerta de ser juzgado y condenado por genocidio, tiene un perverso sentido del humor, no creen? No estamos hace 27 años atrás, el muro de la impunidad ya muestra sus grietas y ha empezado a caer.

¿Que no escucha bien? ¿Que tiene mala la vista? Acaso no recuerda la técnica de tortura que implica el oído de su victima y un poco de electricidad, tampoco es posible que se haya olvidado como introducir alfileres en los ojos de hombres y mujeres…
¿Un derrame cerebral? Que hay de los cuerpos desmembrados tras las torturas que usted ordenó, aquellos labios piel de uva, aquel pelo colocho rebosante, aquellos brazos solidarios… hechos pedazos.

El genocida Mejía Víctores nunca tuvo capacidad de sentir compasión, no la tuvo cuando ordenó la masacre de Plan de Sánchez, no la tuvo al pensar en el pueblo Ixil, ni tampoco la tuvo al ordenar que mas de 180 personas fueran secuestradas, torturadas y desaparecidas, como lo evidencia el Diario Militar.

No nos dejemos confundir, no se esta acusando a un pobre anciano a quien su hija abnegada cuida. Pues ella lo podrá seguir cuidando en la cárcel, y el resto de su vida sabrá exactamente donde esta para llevarle su platillo favorito, llevarle su pañal o sus medicinas, mientras nosotros seguimos demandando el esclarecimiento del paradero de nuestros viejos para poder llevarles unas flores cada primero de noviembre o cuando se nos de la gana.

No, no confundamos, se esta acusando a un militar, general del ejército de Guatemala, graduado de la Escuela de las Américas, exjefe de Estado, miembro de AVEMILGUA, que cometió genocidio durante su marcha por el poder durante la guerra. Se esta haciendo valer la justicia por miles y miles de guatemaltecos y guatemaltecas de diversos departamentos y de la ciudad de nuestro país. No importa cuantos años hayan pasado, pero si es urgente que no pase ni un día mas para que los crímenes de lesa humanidad sean juzgados y condenados. Solo así podremos seguir construyendo alternativas de paz en nuestra sociedad.

Por supuesto que se aplaude el accionar de las autoridades de la PNC que luego del cobarde escape del genocida, ahora limpia un poco su imagen capturando al general. Ahora esperamos que las autoridades de justicia se muestren a la altura del momento y procedan a juzgar y condenar al general Mejía Víctores por las cuentas con la vida y la humanidad que tiene pendientes.

sentado en su casa de la zona 10. el general Mejia Victores observa una manifestación campesina.
la supuesta certificación medica del Hospital militar (refugio de Cobardes y Criminales fascistas)   

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