miércoles, 23 de noviembre de 2011

Gracias a los soldados y no a los poetas


FOTO: Sandra Sebastián para Plaza Pública. http://plazapublica.com.gt/content/la-marcha-de-los-veteranos
Sí, gracias a los soldados, porque es por ellos que tenemos a este país. El pasado 13 de noviembre, militares retirados realizaron una caminata por la Avenida Reforma, con mensajes autocomplacientes, recordándonos, porque ¡oh ingrata memoria! no nos recordábamos de su labor realizada durante los años de la guerra.

Y es que no se sabe qué hubiese ocurrido si el país hubiera quedado en manos de los intelectuales y poetas, que, para más señas, son sinónimos de comunistas terroristas. ¡Quién sabe!, por ejemplo, a dónde hubiéramos ido a parar si se hubiera dejado al país desarrollarse libremente, con elecciones libres, con democracia.

Sólo imagine, si Otto René Castillo hubiera seguido publicando. ¡Qué barbaridades hubiera escrito! O Irma Flaquer, o Roberto Obregón, o Alaíde Foppa, o José María López Valdizón, o Luis de Lión, si aún vivieran. ¡Cuántos secuestros no hubieran ejecutado!, ellos solitos, con sus delicadas manos, que por la noche escribían poemas, y por las mañanas secuestraban a hijos de ministros, quienes se encontraban resguardados por dos o más guardaespaldas.

Por ello, gracias a Dios, y, por supuesto, también a esos héroes de la Patria, que el país está como está. No tenemos que envidiarle nada a nadie, salvo a Haití, pero a los carbieños ya casi los superamos. Gracias a los soldados, y no a los poetas, es que tenemos libertad, alimentos, transparencia y salud. Gracias a los militares, y no a los periodistas, es que yo hoy puedo hablar de frente, sin ironías ni sarcasmos.

Por eso, es buena la herencia que nos han dejado: un país libre de corrupción, sin hambre, sin enfermedades y con un crecimiento económico estable para todos y todas. Claro que sí, es que no hay que ser ingratos. Gracias a Dios que hoy los generales y los coroneles se cuentan por decenas. ¿Por qué habrá tantos?, me pregunto yo. Y como hay tantos, ya ni siquiera caben en la institución armada, y hay que enviarlos al Comité Olímpico Guatemalteco, al Gobierno, a las empresas de seguridad, y a otros lados, para que se ocupen, y que la patria no se olvide de ellos.

Porque sería injusto que los militares, ¡Dios no lo permita!, que terminen como los poetas en un asilo de ancianos, esperando la muerte. No, claro que no, y es que es gracias a los militares, y no a los estadistas, que la seguridad social es excelente, y que los militares y otra gente de menor categoría, es decir nosotros los civiles, podemos confiar nuestra vejez al IGSS.

Los militares pueden estar tranquilos, porque es gracias a ellos, y no a los subversivos poetas, que el país está como está. Mejor no puede estar. Y pueden estar tranquilos, porque hoy día los rencorosos poetas tratarán de envenenar el alma de las jóvenes generaciones, pidiendo justicia. Pero qué mejor justicia que tener el país que tenemos. Por ello, los militares pueden estar tranquilos, y no temer investigaciones, porque, total, ellos lo hicieron en defensa de la libertad.

Por favor, no teman, no finjan derrames cerebrales con tal de no declarar en sus juicios por genocidio. Sabemos que lo que hicieron antaño fue únicamente para la construcción de este gran país

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