martes, 13 de diciembre de 2011

Sergio Saúl Linares Morales.

Sergio Linares volvió a la tierra, pero esta vez con dignidad humana

Luz Méndez Gutiérrez

Este 10 de diciembre de 2011 se llevó a cabo el sepelio de Sergio Linares, quien murió hace 27 años. Durante ese largo período Sergio fue víctima de desaparición forzada. La verdad, sin embargo, fue emergiendo a la superficie poco a poco, por diversos medios. Hoy se sabe que Sergio, después de haber sido secuestrado el 23 de febrero de 1984, fue mantenido en cautiverio durante cinco semanas y ejecutado extrajudicialmente por miembros del ejército de Guatemala. Luego sus restos fueron tirados a una fosa común en el destacamento militar de Comalapa, Chimaltenango.

Gracias a las luchas incansables de sus familiares, así como de organizaciones de derechos humanos, de mujeres y de antropología forense, contando con la solidaridad de instituciones a nivel internacional y con respaldo de la tecnología actual, los restos óseos de Sergio fueron encontrados, rescatados e identificados.

Hoy Sergio Linares volvió a la tierra, pero esta vez con dignidad humana. Fue enterrado con su  nombre, rodeado de flores, velas y cantos; después de haber sido oficiada una misa en su memoria; acompañado de sus familiares, amigos y compañeros que recordamos su historia de vida, sus ideales y sus luchas. Hoy los familiares de Sergio pudieron recibir los abrazos de pésame; por fin tendrán la certeza de saber donde está enterrado el esposo, el padre, el hermano; podrán  llorar sobre su tumba y llevarle flores en el Día de los Santos. 

La desaparición forzada, producto de las dictaduras militares de Guatemala y América Latina, es una violación a los derechos humanos que deja una huella de dolor permanente, que no cesa mientras los seres queridos no aparecen. ¿En Guatemala, quien no tiene un familiar, una amiga o un amigo desaparecido? La identificación de Sergio Linares reaviva la esperanza para cientos de miles de personas de encontrar y abrazar algún día los restos de los seres queridos.
 Participar en el sepelio de Sergio produjo un impacto muy fuerte a quienes lo conocimos y lo apreciamos. Sabíamos que estábamos asistiendo a acontecimiento histórico, pues era la primera vez que un hecho como ese ocurría. Además, un remolino de ideas y emociones asaltó nuestras mentes y corazones. Por un lado, había una sensación de tranquilidad por la dignificación de un ser humano y por poder cerrar un duelo largamente prolongado. Por otro lado, este hecho da aliento, aún en el difícil contexto en que nos encontramos, para seguir adelante en las luchas por la verdad, la memoria y la justicia, así como también para encontrar nuevos caminos que nos permitan avanzar hacia el objetivo de poner fin a las injusticias y desigualdades sociales, tan diversas  y profundas, que atraviesan a la sociedad guatemalteca.
Guatemala, 10 de diciembre de 2011
Luz Méndez Gutiérrez
 

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