Luz Haydee Méndez Calderón nació en el Cantón
La Batalla, Olintepeque, Quetzaltenango el 29 de abril de 1948. Es la primera
de siete hermanos y hermanas de una familia trabajadora, que se sostuvo en la
ciudad capital con una panadería familiar y el trabajo de todas las hermanas y
hermanos.

Desde su niñez mostro interés por la lectura
y las artes. Estudio en el Instituto para Señoritas Belén y formó parte activa
de la Juventud Patriótica del Trabajo, participando en acciones de denuncia
estudiantil contra la dictadura del presidente coronel Carlos Manuel Arana
Osorio. En sus años como estudiante de la Universidad de San Carlos de
Guatemala fue estudiante y actor en el Grupo de Teatro de la Facultad de
Humanidades, representando múltiples obras, especialmente del maestro Manuel
José Arce, sobre la situación política y social de nuestro país. Durante esta época conoció a su compañero de
vida y con quien compartió la dicha de ser padres de su hijo e hija.
Gracias a su formación revolucionaria y
compromiso con las y los más desposeídos, realizo amplio trabajo de
organización en la USAC y en la Costa Sur con las y los campesinos; fue militante y dirigente del Partido
Comunista Guatemalteco –PGT- hasta el
día en que fue secuestrada, torturada y desaparecida por las fuerzas represivas
del Estado, durante la dictadura del presidente defacto y general Oscar
Humberto Mejía Víctores.
A partir de esa fecha, 8 de marzo de 1984,
nuestra familia emprendió una búsqueda incansable para esclarecer la verdad y por
el juicio y castigo que ha durado hasta el día de hoy. Ya los familiares de las victimas de
desaparición forzada conocen bien la búsqueda que llevo hasta los hospitales,
centros de detención, comisarias de la policía, cementerios, morgues e incluso
frente a autoridades como el propio general Mejía Víctores para conocer el paradero
de nuestros seres queridos. Así las y los hijos también conocen bien la búsqueda
entre recortes viejos, en nuestros propios rostros frente al espejo, en el
juego a escondidas que nunca terminó, y en el compartir de las rondas
infantiles con el espectro de una panel blanca.
Luego en mayo de 1999 salió a luz publica el
Diario Militar y en donde aparece una ficha elaborada por los esbirros acerca
de su secuestro. Fue impactante la forma
en que los aparatos de inteligencia militar habían documentado sus actos de
represión y mucho más impresionante encontrar una fotografía de mi madre que
nunca habíamos conocido, entonces volvimos a sentir el arrebato continuo que
solo quienes saben tenemos el dolor de conocer.
Mi madre aparece registrada bajo la ficha
no. Z- 83 y claramente se anota que fue
secuestrada el 8 de marzo y trasladada a U-4 el 2 de mayo de ese mismo año.
Este es un código que aun no se ha logrado descifrar pero el cual nos indica
que estuvo con vida bajo terribles torturas por al menos 55 días.
….
Entonces nuevamente fuimos sorprendidos en el
2011 cuando una familiar volvió a ver la misma fotografía de mi madre, solo que
esta vez en internet en un afiche promocional de un video documental llamado
Granito, que seria presentado en un festival de cine extranjero.
En Guatemala la historia esta escrita con
resistencia de los pueblos, siendo sus principales actores aquellos hombres y
mujeres que habiendo sobrevivido el genocidio, continúan en el camino por la
defensa del territorio, por el derecho a la educación publica, por el
esclarecimiento de la verdad y por el juicio y castigo ante los delitos de lesa
humanidad cometidos por el Estado. Granito apenas muestra parte de la historia de
las y los verdaderos actores de la lucha de la ejemplar Asociación Justicia y
Reconciliación para alcanzar la Justicia por Genocidio en nuestro país. Y tampoco
manifiesta la historia de lucha y resistencia de los hombres y mujeres
revolucionarios, secuestrados y desaparecidos que se registran el Diario
Militar y cuyas fotografías se dejan ver entre tomas en aquel material.
Mientras tanto seguimos a la espera de una
sentencia favorable a los familiares de las victimas del Diario Militar y en
contra del Estado de Guatemala frente a la Corte Interamericana de Derechos Humanos
por el secuestro, tortura y desaparición forzada de nuestros seres
queridos. Esta causa que inició en el
2005 ante la negación del derecho a la verdad y el juicio y castigo en
Guatemala, es acompañada por más de 20 familias de victimas del Diario Militar
y por la Fundación Myrna Mack.
Seguimos esperanzados en que los Archivos
Históricos de la Policía Nacional tengan la oportunidad de señalar con nombre y
apellido a los actores materiales e intelectuales que participaron en el
secuestro, tortura y desaparición forzada de miles de compañeros y compañeras del
movimiento revolucionario guatemalteco. Como en el caso de mi madre en que ya
han sido esclarecidos los nombres de Luis Pedro Erales Navas y Vilma Eugenia de
Sielezar, ambos agentes de la G-2 que participaron en su secuestro, sin que a
la fecha hayan sido interrogados por las autoridades correspondientes. A pesar de ellos seguimos luchando por que
los tribunales nacionales investiguen dichos actos de terrorismo de Estado y
tengan la valentía de enjuiciar y castigar a las y los responsables.
Aquello de que una imagen vale más que mil
palabras, no se cumple en este caso. Pues la fotografía secuestrada por los
esbirros, que ni la propia familia conocíamos, y ahora utilizada para
promocionar un documental, no relata la verdadera historia de la mujer,
militante, revolucionaria, hija, compañera, hermana y abuela que es mi madre. La batalla de la memoria en nuestro país
requiere de la legitimación de nuestras luchas históricas de nuestros pueblos y
eso vas allá de una fotografía o de simplemente mencionar un nombre.
Cierro compartiendo con ustedes una carta que
escribí a mi madre en el año 2006 con motivo del Día Internacional de la Mujer
y aniversario de su secuestro y desaparición forzada.
Madre:
¿Dónde estás?
Tantas cosas han pasado desde que te desaparecieron hace 22 años y otras
han crecido en mí que me han cambiado, pero nunca olvido el 8 de marzo de 1984.
Mientras que en otras partes del mundo
millones de mujeres tomaban las calles para romper el silencio sobre esta
opresión ancestral, tu silencio frente al verdugo era la manifestación más
grande que he conocido.
Cada interrogación de los esbirros ensayada
una y otra vez, no pudo contra el recuerdo de nuestros porqués de niños sobre
los árboles y el viento.
Cada descarga de electricidad sobre tu
cuerpo, no pudo contra el recuerdo de tu alegría cabalgando en la montaña.
Cada uña arrancada de tus manos, no pudo
contra tu fe en que hoy transformaremos este sistema que nos oprime.
Cada gesto amenazante contra tus hijos, no
pudo contra tu amor a la vida y la justicia;
que son tu fuerza de lucha de mujer.
Tu silencio significaba resguardar la
integridad de otros compañeros y compañeras, significaba que los milicos no
eran dignos de escuchar la claridad de tu voz, significaba tu compromiso por el
bien común, significaba que todo lo que debías decir ya estaba dicho.
¡Sean fuertes!
Fueron tus últimas palabras,
Y hoy estoy fuertemente enamorada de la vida,
del pueblo, de mi hijo, de mi compañero y de la lucha revolucionaria que las
mujeres construimos a diario.
Empujando la defensa de la tierra que nos
alimenta y cobija, acompañando la lucha por la educación pública que formará a
los nuevos seres, lanzando nuestra voz y pensamiento por ondas radiales o
enfrentando a la tira cuando no respeta la decisión del pueblo; porque sabemos que en este momento debemos
fortalecer La Resistencia pero también porque sabemos que hay que educar al
pueblo en que liberando a las mujeres también se le libera.
Ahora recuerdo tantas cosas de la historia,
esta que escribimos las mujeres y entiendo porque aquellos brazos que solo
sabían sostener un libro y chinear una hija para amamantarla al corazón,
también aprendieron a cargar un fusil.
Presiento que te encontraré, una mañana
fresca a la vuelta de la fuente y que con tu mirada firme finalmente clavarás
una sonrisa sobre su nombre.
Libertad.
Tu hija.
Wendy Méndez.
NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS, NO NOS
RECONCILIAMOS
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