jueves, 3 de enero de 2013

MEMORIA TERRITORIO EN DISPUTA.



Para nosotros la memoria es ese lugar común donde se reúne lo que sucedió, lo que está sucediendo y lo que puede o queremos que suceda. Nuestro entendimiento de la memoria se compara a lo que se conoce como una tierra fértil, donde los abuelos y abuelas han sembrado la semilla de nuestros modos. La memoria es ese territorio donde se guardan nuestros orígenes, el modo de ser, nuestros entendimientos y conocimientos.



Como comunidades, pueblos y colectivos humanos tenemos voz, palabra. Esa palabra que es la forma en como nuestra memoria se expresa. La palabra de los pueblos manifiesta sus entendimientos y relación con la tierra y la vida. Pero no es una nuestra palabras, son muchas y éstas caminan con nuestra memoria, es la flor que nace de nuestro origen, es la raíz donde se alimenta lo que somos. Es por eso que no sólo tenemos un idioma, una lengua. Tenemos un modo de decir, que cobra verdadero sentido para quienes compartimos memoria y origen, y por tanto, experiencias políticas y conocimientos, los cuales hemos ido elaborando y recreando a partir de la convivencia, el trabajo conjunto y la comunidad.



La memoria no es una sola. No existe la memoria única, del mismo modo que no existe un solo idioma o lengua, o un solo origen. Así como no hay una única semilla de pueblo, comunidad o de ser humano. Los territorios en los que vivimos, sus condiciones climáticas, los arboles, las montañas, las relaciones sociales y las experiencias que vamos adquiriendo son diferentes dependiendo el lugar geográfico en el que nos ha tocado nacer, crecer y vivir, por lo tanto nuestros modos de pueblos, nuestros conocimientos y entendimientos, así como la memoria que tenemos de éstos son diferentes dependiendo el pueblo y su origen.



Siendo el Estado el reino de la fuerza, donde priva el interés parcial de quienes detentan el poder, necesita mantener el control de los habitantes del territorio que hace suyo o que determina como la nación de la que es Estado. Para que su eficiencia sea plena necesita mantener el control de sus bienes naturales y humanos, crear una única versión de pueblo que sea maleable a sus intereses, que no rezongue a sus planes ni a sus principios de acumulación y explotación. El Estado necesita eliminar los diferentes orígenes, crear la ilusión del origen y naturaleza única, la memoria única y la única historia.



En Guatemala el Estado, con sus pocas excepciones, ha sido administrado por grupos de poder contrario a los intereses de las grandes mayorías, quienes desde el autoritarismo, el uso excesivo de la fuerza, el expolio de tierra y bienes naturales, se han establecido a lo largo y ancho de nuestra historia como un sistema único, valiéndose de mecanismos de terror tales como la desaparición forzada, la persecución y criminalización hasta llegar a el genocidio.



El poder, para mantener su posición de dominio, necesita crear una figura identitaria a la que pueda controlar, inventarle una memoria, un origen y un significado. Para esto suplanta la memoria de los pueblos, prohíben la palabra, crean símbolos, inventan mitos donde la víctima, el pueblo sacrificado a los intereses de unos pocos, se convierte en el victimario cuando niega y se resiste a la opresión y expolio del poder.



Una y otra vez el estado intenta destruir la memoria de los pueblos, negando, usurpando, y destruyendo su historia, inventando nuevos modos y nuevas concepciones. Para conseguirlo, el poder es cada vez más salvaje y sanguinario, escribe en los anales de la historia de los pueblos a fuego y sangre el control despojo y usurpación, pero no importa que tan violentos sean, queda la semilla que brota de nuevo, la resistencia y fuerza de los pueblos: Queda el origen.



La memoria, nuestra memoria, es un territorio, nuestro territorio. El territorio donde guardamos nuestro origen, nuestro modo de ser pueblos, colectivos, comunidad. Un territorio donde el tiempo y el espacio es nuestro. Donde el pasado, el presente y el futuro son uno solo. No es un espacio atemporal, porque en él se guardan todos los tiempos. Por eso es tan importante para el Estado y quienes lo administran: el poder económico y político, el mal poder, controlar y poseer nuestra memoria. Es por eso que la memoria es un territorio más en disputa con el capital, contra el poder del mal. Por eso es tan necesario para nosotros y nosotras defenderlo y preservarlo.

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