viernes, 25 de abril de 2014

Saludamos a nuestros Hermxs HIJOS e HIJAS y al Pueblo de Colombia, en su lucha por alcanzar la Paz con Justicia, Memoria y Verdad



Porque todos Somos H.I.J.O.S. E HIJAS del despojo, del racismo, del colonialismo, pero también
de la resistencia, del amor y la dignidad de esta América nuestra.

Desde esa historia y por esa historia, que es nuestra, que nos pertenece nos entendemos como sujetos políticos de transformación.

Porque no somos víctimas o efectos colaterales de ninguna guerra, somos la memoria que se niega a claudicar, somos la memoria hecha verbo, y la memoria que nos traerá la posibilidad de un futuro digno, necesario y justo.
En Guatemala vivimos una guerra de alrededor de 40 años.

La necesidad de imponer un proyecto político-económico por las elites de poder tradicional y la imposibilidad de mantener la resistencia armada por parte de los movimientos revolucionarios, llevó al cese al fuego y posteriormente la firma de los acuerdos de paz en 1996.
Luego de la violencia prolongada, se logro establecer una agenda mínima de cambio, que buscaba una salida política a lo que las armas no lograron.

Fueron tiempos de esperanzas y grandes expectativas en la población.
Mientras cientos de exiliados y miles de desplazados hacían el retorno, los combatientes se desmovilizaban y regresaban a casa; mientras las esperanzas del reencuentro y la posibilidad de que los derechos políticos fueran restituidos, la oligarquía y el capital transnacional, a solo solo 9 meses de la firma de la paz, privatizaron los servicios públicos y la mayoría de bienes del estado.

La paz fue un esfuerzo democrático en un país de tiranías, aun así, los pueblos originarios y las grandes mayorías empobrecidas fueron excluidas por el estado, y la comandancia guerrillera no tuvo la capacidad de darles la voz y el lugar dentro de los diálogos de paz. Pese a todo creímos en la paz, soñamos por la paz.

Es por eso que esas grandes mayorías, excluidas de los procesos de negociación de su futuro en condiciones dignas, deben de tomar su papel histórico para no quedarse al margen, para hacer oír su voz, sus historias, sus resistencias y sus exigencias, para que ese futuro soñado con revoluciones, revueltas y movilizaciones indígenas, campesinas, estudiantiles y populares sea de todos y de todas.

Porque no ocupar esos espacios, es callar, es contribuir a la negación de nuestras historias de vida y resistencia tanto como negar la existencia de nuestros seres queridos arrebatados por el terrorismo de Estado, y ellos, como nuestra memoria, deben de estar siempre presentes, en todos lados, para seguir construyendo una verdadera revolución.

H.I.J.O.S. Guatemala 
No Olvidamos
No Perdonamos
No nos Reconciliamos

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